Ron Johnson, el coronel en retiro, exboina verde y veterano de la CIA nombrado embajador en México por Donald Trump, agendado para ser ratificado por el Senado el 2 de abril, asumirá la titularidad de la embajada de Estados Unidos en los albores de uno de los capítulos más desafiantes para la relación en tiempos modernos. En los últimos 120 años, los embajadores que ha enviado Washington han sido mayoritariamente diplomáticos y políticos, siendo Theodore Roosevelt el último presidente en escoger a un militar durante el porfiriato en 1905, pero Edward Conger, soldado de la guerra civil con rango de capitán, renunció poco después en medio de la efervescencia revolucionaria.
Sin más experiencia diplomática que 16 meses como embajador en El Salvador de Nayib Bukele en el primer gobierno Trump, Johnson es considerado el personaje ideal para empoderar la agenda de aranceles, narcotráfico y migración de Trump por su trayectoria de militar y de inteligencia pese a no tener ninguna conexión directa conocida con México. “Tiene muy buenos contactos en la comunidad de inteligencia y en las fuerzas especiales del Comando Sur por lo que está bien posicionado para cualquier cosa en México.
Si querían a alguien con un perfil así, pues Johnson es la persona”, me dijo un exfuncionario del gobierno estadounidense que lo conoce profesionalmente. En su comparecencia de ratificación, Johnson no descartó el uso de la fuerza militar unilateral en México si las vidas de estadounidenses están en riesgo. “Todas las cartas están sobre la mesa”, pero, matizó, “nuestra estrategia preferida” es la colaboración con el gobierno de Claudia Sheinbaum, con la que espera poder tener una relación de confianza mutua. “Pues no, eso (la acción militar unilateral) no está sobre la mesa ni sobre la silla ni sobre el piso ni sobre ningún lado”, respondió Sheinbaum.
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Johnson es prácticamente un desconocido en México. En el Baile Oficial de la Comunidad Hispana en el marco de los festejos de la toma de posesión de Trump, coincidió con el puñado de mexicanos que asistió, entre ellos Altagracia Gómez, Francisco Cervantes, Carlos Slim Helú, Carlos Slim Domit y Esteban Moctezuma, pero no está claro si interactuaron. Eduardo Verástegui, fracasado aspirante a la presidencia de México que busca fundar un nuevo partido ultraconservador al que llamará Movimiento Viva México, parece ser el mexicano que mejor conoce.
“Siempre es un placer encontrarme con Eduardo Verástegui, actor, cantante y productor de la impactante película contra la trata de personas Sound of Freedom… Eduardo ha centrado su energía artística y de entretenimiento en proyectos que contribuyen a su fe cristiana y al progreso de la humanidad. Ruego que Dios siga usando sus obras para bien”, escribió Johnson en LinkedIn al lado de una foto de él con Verástegui y un cartel de los Caballeros de Colón promoviendo el controvertido filme.
Descendiente de una familia militar que ha servido en combate por cuatro generaciones, patriota, creyente, casado con cubana, con cuatro hijos, el menor veterano de la guerra de Irak, Johnson es residente de Miami, igual que un alto número de floridanos en el gabinete de Trump como Marco Rubio, secretario de Estado, y Mike Waltz, asesor de Seguridad Nacional que también fue coronel de las fuerzas especiales del Ejército. “Sólo dos coroneles boinas verdes retirados pasando el rato...”, posteó Johnson junto con una foto con Waltz.
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Johnson cultivó una relación inusualmente estrecha con Bukele y sus servicios de inteligencia que mantiene a la fecha. Cuando visita San Salvador, se desplaza con caravana como dignatario de Estado. Una semana antes de dejar el cargo de embajador, Bukele lo condecoró con una “gran orden” que creo expresamente para él. En 2024, Johnson organizó la visita de Donald Trump Jr. y sus acompañantes MAGA para asistir a la segunda toma de posesión de Bukele donde fueron tratados mejor que la delegación oficial enviada por Washington. Se sabe que Don Jr. influyó la decisión de su padre de seleccionarlo para México.
Durante la audiencia en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado el 13 de marzo, una senadora demócrata aprovechó para preguntarle si su “cercana amistad” con Bukele lo llevó a minimizar sus tendencias “antidemocráticas y autoritarias”, como el uso del software de espionaje israelí Pegasus contra la sociedad civil y periodistas, a lo que Johnson respondió: “No dudo que pudo suceder, pero no me enteré”. También negó haber sido directamente responsable por el despido de un contratista de la embajada que investigaba el autoritarismo de Bukele. Sheinbaum ha dicho que habrá buena relación con Johnson a pesar de que vienen de trayectorias y creencias diametralmente opuestas. No fue posible hablar con el embajador porque el Departamento de Estado no respondió a mi petición de entrevista.