Cuauhtémoc Blanco, cobijado hasta en el PRI

5 de Abril de 2025, 04:50

Pablo Reinah
Pablo Reinah
Periodista con 28 años de experiencia en televisión, radio y medios impresos. Ganador del Premio Nacional de Periodismo 2001, ha trabajado en Televisa, Grupo Imagen y actualmente conduce el noticiero meridiano en UNOTV. Ha colaborado en medios como Más por Más, Excélsior y Newsweek. Es autor del libro El Caso Florence Cassez, mi testimonio y asesor en medios de comunicación.

Cuauhtémoc Blanco, cobijado hasta en el PRI

Pablo Reinah columnista

El reciente respaldo del PRI a Cuauhtémoc Blanco en la Cámara de Diputados, al votar en contra de su desafuero, ha desatado una ola de indignación y cuestionamientos y no es para menos. El exfutbolista, hoy diputado de Morena, enfrenta acusaciones graves: un presunto intento de violación contra su media hermana, Nidia Fabiola, además de señalamientos de desvíos millonarios y nexos con el crimen organizado durante su gestión como gobernador de Morelos. Sin embargo, el PRI, autoproclamado defensor del debido proceso, decidió alinearse con Morena y el Partido Verde para protegerlo, con 291 votos a favor de desechar la solicitud de la Fiscalía de Morelos. Este acto no solo pone en entredicho la credibilidad del tricolor, sino que evidencia una vez más su histórica inclinación por la complicidad y la impunidad.

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La justificación del PRI, encabezada por Alejandro Alito Moreno, es tan endeble como cínica. Argumentan que la carpeta de investigación está “mal integrada”, que carece de sustento técnico y que apoyarlo no equivale a otorgarle impunidad, sino a garantizar el Estado de derecho. Sin embargo, esta postura huele a pretexto. Si la investigación es deficiente, ¿no sería más lógico exigir una indagatoria exhaustiva y transparente en lugar de bloquear el proceso? Al desechar el desafuero, el PRI no defiende la justicia, sino que perpetúa un sistema donde el fuero se usa como escudo para evadir responsabilidades. La señal es clara: en México, la clase política sigue protegiéndose a sí misma, sin importar el costo para las víctimas o la confianza ciudadana.

El caso Cuauhtémoc Blanco no es un incidente aislado para el PRI. Su voto parece responder a una estrategia pragmática: blindar a su propio líder, Alito Moreno, quien también enfrenta amenazas de desafuero por presunta corrupción. Este “pacto patriarcal”, como lo llamó el panista Germán Martínez, revela la verdadera naturaleza del tricolor: un partido que, lejos de ser oposición, negocia favores en las sombras. Mientras las diputadas de Morena gritaban “¡No estás solo!” al exfutbolista, el PRI se sumaba al coro, traicionando el compromiso con las mujeres que exigen justicia.

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La incongruencia del PRI es aún más flagrante si consideramos el contexto. En un país donde la violencia de género es una herida abierta, con más de 10 feminicidios diarios, el respaldo a un acusado de abuso sexual envía un mensaje devastador: las víctimas no importan cuando hay intereses políticos de por medio. Las críticas de legisladoras como Mariana Rodríguez (MC) y Margarita Zavala (PAN), quienes exigieron priorizar los derechos de las mujeres, contrastan con la tibieza priista. Incluso dentro de Morena, 22 diputadas se opusieron a la decisión, mostrando que la lucha por la equidad trasciende siglas, pero no así para el PRI, que prefirió el cálculo político al valor moral. Mientras Cuauhtémoc Blanco conserva su fuero y se burla diciendo “no tengo miedo”, la ciudadanía sí debería temer a un sistema donde una vez más, elige la complicidad sobre la verdad. La nota final la da la Fiscalía de Morelos que en un comunicado da carpetazo al señalar que se mantendrá sigilo para evitar polarización y revictimización, y esperará los resultados para pronunciarse.

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