Recorte a la innovación mexicana
El financiamiento público para el desarrollo científico en México sigue a la baja, al reducir programas clave y afectar la innovación nacional

La paradoja es evidente: México tiene una presidenta con formación científica, pero la ciencia y la tecnología no están entre las prioridades presupuestarias. En 2025, la inversión en estos rubros será de apenas el 0.16% del PIB, muy por debajo del 0.28% alcanzado en 2015, durante la administración de Enrique Peña Nieto. En términos reales, esto representa una reducción del 7.4% frente al presupuesto aprobado para 2024, dejando la cifra en 57.8 mil millones de pesos.
México tiene al frente del gobierno a una científica, pero los números muestran que la ciencia sigue sin ser prioridad en su gobierno.
El contraste con años anteriores es notable. En 2015, el gasto en ciencia y tecnología alcanzó su punto más alto con 89.9 mil millones de pesos. Hoy, el presupuesto es un 35.7% menor. “Se trata de una alarmante disminución en el apoyo a la ciencia y la tecnología en México”, advierte el informe “Números del erario” de la organización México Evalúa.

La brecha con otros países es cada vez más amplia. Mientras la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) recomienda que las naciones destinen al menos el 1% de su PIB a la ciencia, México ni siquiera alcanza la mitad de ese umbral. En contraste, potencias como Estados Unidos, China, Japón y Corea del Sur invierten entre el 2% y el 4.5% de su PIB en estos sectores estratégicos.
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La administración de Claudia Sheinbaum creó la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) para reemplazar al Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt). Sin embargo, la nueva dependencia nace con recursos recortados: en 2025 manejará 33 mil millones de pesos, un 3.7% menos que el presupuesto que fue aprobado para el Conahcyt en 2024.
El informe de México Evalúa subraya que el financiamiento para la ciencia y la tecnología ha disminuido progresivamente desde 2015. Esta caída ha provocado la desaparición de varios programas. Aunque el gobierno de Sheinbaum no ha eliminado más iniciativas en su primer año, la Secihti operará con solo seis programas, frente a los casi veinte que tenía el Conacyt en 2015.
El recorte tiene consecuencias: México Evalúa advierte que el financiamiento ahora se concentra en becas para investigadores de posgrado y miembros del Sistema Nacional de Investigadores, mientras que empresas, entidades federativas y sectores productivos quedan al margen.
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El presupuesto total para educación, ciencia, tecnología e innovación en 2025 representa el 3.06% del PIB, la cifra más baja en 18 años. Aunque el gasto conjunto en estos rubros será de 1.1 billones de pesos, sigue siendo un 7% menor al pico registrado en 2015. La Unesco recomienda destinar entre el 4% y el 6% del PIB a educación, un estándar que nuestro país no cumple.
Uno de los pocos rubros en ascenso es el de becas, que ahora representan el 13% del presupuesto educativo, su nivel más alto registrado. Esto responde a una promesa de campaña de Sheinbaum: garantizar becas universales para estudiantes de nivel básico. Sin embargo, los recortes a universidades como la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la Universidad de Chapingo y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) contrastan con este aumento. En un principio, también se contemplaba una reducción para la Universidad Nacional Autónoma de México, pero tras protestas en redes sociales, la Secretaría de Hacienda corrigió la cifra.
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