La Covid persistente, amenaza enigmática

27 de Marzo de 2025

La Covid persistente, amenaza enigmática

Alrededor de 100 millones de personas en el mundo padecen secuelas de la infección por el SARS-CoV-2, pero el protocolo para diagnosticarlas y tratarlas aún podría tardar años

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A diferencia de la Covid-19, cuya causa, el coronavirus SARS-CoV-2, fue reconocida en unos días y para la que se desarrollaron vacunas en tiempos históricos, la Covid persistente, larga o secuelas de Covid-19, son un misterio que aún no tiene un nombre oficial, y parece ser más una desordenada colección de enfermedades que cada día crece.

La única buena noticia en este tema, parece ser un estudio hecho en Israel y que se publicó hace unos días, el cual encontró que la vacunación con al menos dos dosis conlleva a una disminución sustancial en la notificación de los síntomas más comunes de la Covid persistente.

En contrario, por ahora se han registrado alrededor de 200 síntomas distintos posteriores a la infección aguda de Covid-19, que varían entre cada paciente, en cuanto a temporalidad y severidad, y que pueden fluctuar o recaer con el tiempo, sin que se tenga una idea clara a qué se deben las variaciones ni los síntomas en sí.

Las secuelas más evidentes son las respiratorias, producto de daños permanentes que pudo dejar la infección en los pulmones; las neurológicas, desde falta de olfato (anosmia) y dolores de cabeza hasta disfunción cognitiva; otras involucran los sistemas musculoesquelético, cardiaco y circulatorio, y las complicaciones autoinmunes.

Los signos más frecuentes incluyen; fatiga (alrededor del 58%), dolor de cabeza (44%), dificultad para respirar (24%), dolor en las articulaciones (19%), dolor en el pecho (16%), depresión (12%), palpitaciones (11%) e insomnio (11%).

Además de las secuelas, un estudio encontró que los sobrevivientes de Covid-19 grave tienen más del doble de riesgo de morir durante el año siguiente; en comparación con quienes no se infectaron. Otro estudio encontró que se tiene un riesgo significativamente mayor de ser hospitalizado en los seis meses posteriores a la enfermedad aguda.

De manera sorprendente, el aumento del riesgo de muerte fue mayor para los pacientes menores de 65 años; pero además, 80% de quienes acabaron muriendo un año después lo hicieron debido a complicaciones distintas a las típicas de Covid-19.

Ataque hormonal

La afectación del Covid persistente que se ha reportado más recientemente, la que provoca al eje hipotalámico-pituitario-adrenal, puede servir de ejemplo de la complejidad de este síndrome.

Una investigación publicada el 6 de enero en el Endocrine Journal se propuso ver si Covid-19 dejaba alteraciones en los niveles de diversas hormonas, y detectó que sí hay irregularidades entre ellos el cortisol, la insulina, testosterona, prolactina y las hormonas estimulantes de la tiroides y del crecimiento de tres a siete meses después de la infección aguda de Covid-19.

Las alteraciones hormonales fueron distintas para cada paciente, y los investigadores sospechan que la hipoxia, la hipercoagulación, la disfunción de las paredes de los vasos sanguíneos y los cambios autoinmunes inducidos por la infección por Covid-19 afectaron las funciones de la glándula pituitaria.

De momento no saben qué tan permanentes puedan ser estas alteraciones.

Otra de las secuelas que es particularmente complicada corresponde a la disautonomía, aunque esta consecuencia de la infección por el SARS-CoV-2 no es sorprendente, pues poco más del 40% de las disautonomías parecen ser secuelas de infecciones virales, la disautonomía en sí es una condición que aún no se conoce bien y es muy difícil de diagnosticar porque produce diversos síntomas que también se presentan de formas diversas y en muchos pacientes su sintomatología no parece tener sentido.

Según un estudio publicado en enero en el British Journal of General Practice, se encontró que padecer la Covid-19 puede generar disautonomía o complicar una existente. Pero aún no se sabe si las disautonomías encontradas en pacientes con Covid persistente son similares a las previas a la pandemia, aunque la buena noticia es que parecen responder a los mismos tratamientos.

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