Significado de los libros

5 de Abril de 2025

Miguel González Compeán
Miguel González Compeán

Significado de los libros

Herética Lex

El pueblo chino guarda un secreto que le permite verse siempre en una perspectiva de tiempo distinta a la que la mayoría de otros pueblos pueden observarse. El idioma que hablan hoy los chinos es el mismo que se hablaba hace más de 2000 años. Es decir, pueden leer las inscripciones y textos que tienen esa edad. Eso les da una perspectiva de colectividad, de país, de visión de pasado y de futuro, muy distinta a la mexicana, por ejemplo, en la que sólo podemos leer textos de los últimos 500 años, cuando llegaron los españoles y, hasta hace relativamente poco, no todos los mexicanos, salvo por las campañas de alfabetización de principios del siglo XX.

En México, la diversidad de culturas y de idiomas ha hecho complejo reconocernos con familiaridad, como colectividad y con unidad, hasta que el español y la religión primero y, luego un partido único, nos dieron un sentido de similitud al enorme mosaico de costumbres, formas de trabajo, e idiomas que somos todavía.

Los libros de texto, de muy diversa, pausada y razonable manera, nos daban más allá de una visión ideológica (imposible no salirse de una visión del mundo) una identidad nacional, una bandera, un himno, una historia, que podría estar construida con una visión, pero que no atentaba contra la diversidad, ni contra el laicismo, ni contra la educación científica y democrática como dicta el artículo tercero constitucional.

Cuando mis hijos llegaron por primera vez con sus libros de texto, a pesar de estudiar en una escuela privada, me alegré de que eso los haría mexicanos iguales que los otros millones de alumnos que viven en el país. Compartirían algo con el resto de sus congéneres y podrían emocionarse al ver la bandera nacional en una justa deportiva. De ese tamaño es la importancia de los libros de texto.

Siendo diputado en la Asamblea Legislativa del DF, entonces, Andrés Manuel López Obrador propuso la creación de las prepas y, como vicepresidente de la comisión de educación, pedí los programas de estudio, pues había que autorizar creación y presupuesto. Al leer aquellos legajos encontré un párrafo, que sólo puedo citar de memoria: “se trata de crear jóvenes críticos y contrarios al proyecto neoliberal prevaleciente”. Le dije a mi bancada que jamás aprobaría aquello, pues era una manera de crear huestes para el proyecto político de López Obrador, no de dar educación científica, laica y democrática. Los programas subrayaban este hecho.
Al enterarse AMLO, nos invitó a desayunar a la presidenta de nuestra bancada, a mi y a Raquel Sosa, en aquel momento secretaria de sociocultura. Expresé mis dudas y Andrés Manuel se volteó con Raquel y le reclamó porque alguien había dejado ese párrafo ahí.

Yo sostuve que la educación que habíamos recibido los ahí sentados, nos había dado la oportunidad de pensar diferente cada uno y, que esa virtud, era uno de sus mayores logros de la educación en México.

16 años después, Andrés Manuel López Obrador volvió a hacerlo. Puso a un iluminado, con una visión única del mundo, a hacer los libros de texto y a plantearse la formulación de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). Ya se ha dicho, pero vale la pena recordarlo. La NEM, abjura del educando como centro y pone a la comunidad como preocupación central de la educación. Abjura de las ciencias, porque hay conocimientos vernáculos tan importantes como los científicos occidentales. Abjura de las matemáticas, del esfuerzo personal como mecanismo de mejora, condena a las empresas y se centra en la visión de que lo populachero es lo importante. Además, no lo hace gradualmente, se imponen los libros a todos los grados de primaria, rompiendo el conocimiento adquirido y desconectándolo de la educación previa. Una razón más, para complicar el sentido de colectividad y de proyecto nacional compartido. Nada más, pero nada menos, también

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