Hace unos 20 años, quienes tenían una maestría o doctorado en su currículum eran muy pocos. La oferta para este tipo de especialidades no era muy amplia y si alguien lograba cursar una de ellas se consideraba como la máxima hazaña en temas de educación con el respeto y prestigio que conllevaba. Pero en este 2018, se dice que existen alrededor de 13 mil escuelas de negocio alrededor del mundo con este tipo de programas y a pesar de tener mayor oferta, el costo para cursarlas no ha bajado, sino todo lo contrario. Esto se debe a que la mayoría cuenta con profesores y una facultad de muy alto nivel, además de equipo tecnológico y material didáctico que eleva los costos para mantenerse al día, algo que se ve reflejado no solamente en los precios de los programas, sino en los procesos de admisión. El desequilibrio que ha causado internet y el acceso a la información ha obligado a muchas de estas instituciones a modernizarse, mejorar su oferta y actualizar sus programas. Pero al problema que se enfrentan hoy es que la inversión para este tipo de educación es muy fuerte. Tomando una muestra de unas cuantas instituciones privadas que ofrecen este tipo de maestrías o programas en nuestro país, los precios van desde 800 mil y pueden llegar a rebasar el millón y medio de pesos. En países como Estados Unidos, por ejemplo, es raro encontrar una maestría abajo de 100 mil dólares. Con la oferta que existe hoy en internet, esa cantidad de dinero podría representar muchos cursos, diplomados y en algunos casos, un par de maestrías en línea que ya están avaladas y ofrecen un certificado real que curiosamente, provienen de las mismas universidades o instituciones a las que está costando mucho trabajo llenar sus salones de clases. Aunque hoy es relativamente fácil conseguir un crédito o préstamo por parte de algún banco o institución financiera (con el debido antecedente crediticio), las nuevas generaciones no están tan dispuestas a cargar con una deuda por tanto tiempo y además, no están convencidos del todo que una maestría sea lo que necesitan para triunfar o avanzar en el mundo de los negocios, como sucedía antes. Actualmente muchas de ellas han digitalizado parte de su oferta y permiten que otras plataformas en línea ofrezcan su contenido, con la finalidad de crecer en reputación y atraer a más personas a sus espacios físicos. Algunas otras ofrecen una serie de servicios adicionales para mantenerse al día como sesiones de networking y visitas a empresas y startups, como un complemento que vaya más allá de lo que se aprende dentro de un salón de clases. Entonces, ¿vale la pena cursar una maestría o doctorado de manera presencial? Por supuesto que sí. La experiencia y la calidad de maestros afiliados a estas escuelas hacen que sigan siendo una gran opción, además de contar con una estructura que te obliga a cursarla en tiempo y forma con instalaciones que fomentan la participación y están al día con lo último en tecnología. Sí, internet ofrece hoy millones de cursos que podrías tomar para fortalecer tus habilidades de negocio y aprender de casi cualquier tema, pero carece de dos cosas muy importantes: por un lado aprender en un lugar que está diseñado para eso, donde la participación, colaboración y el intercambio de ideas son parte del sistema. Y por el otro lado está el elemento humano que permite una comunicación cara a cara, además de la oportunidad de socializar y conocer a otro gran empresario, entusiasta o emprendedor que se podría convertir en tu siguiente jefe, socio o compañero de trabajo. Hoy ya no se trata de cursar una maestría para escribirle una línea más al currículum y perseguir un puesto de director, porque aprender o fortalecer el conocimiento a este nivel ya no es un tema de ego y estatus, sino de éxito y satisfacción personal.
@elpocas