Hoy, los recuerdos son digitales

3 de Abril de 2025

Eduardo Penafiel

Hoy, los recuerdos son digitales

Eduardo Penafiel

Con las cámaras que vienen en los teléfonos inteligentes de nueva generación, la calidad de las fotografías y el video es tan buena, que cada vez cuesta más trabajo distinguir una foto de un profesional a la de un amateur. Pero también la facilidad de tomar fotografías o videos con un teléfono se ha convertido en una tendencia que tiene sus ventajas y desventajas. En los últimos años hemos visto resurgir elementos retro como libros o discos de vinilo, pero hoy son pocos quienes llegan a imprimir una fotografía, crear un álbum físico de recuerdos o pasar un video a un formato que puedan reproducir en una televisión. Al final, el teléfono es nuestro centro de entretenimiento y memoria, en donde si el equipo tiene buena capacidad de almacenamiento, podemos guardar por mucho tiempo miles de imágenes y videos. Para las nuevas generaciones que exigen constantemente nuevas experiencias, tener ese poder en las manos puede llegar a ser algo contraproducente. Pasan tanto tiempo tomando fotos y videos que la experiencia misma pierde toda su esencia. Un ejemplo claro es un concierto de música. Si has asistido a uno en los últimos meses, seguramente fuiste testigo de este fenómeno, en donde miles de personas están con la mano estirada grabando canciones enteras, con los ojos fijos en la pantalla del dispositivo en vez de mirar hacia el escenario, preocupados por el encuadre y buscando señal para compartir el momento en alguna red social. Todo esto hace que olviden por completo por qué están ahí, y la experiencia de escuchar música en vivo pasa a un segundo plano. Lo mismo sucede en un parque de diversiones, un museo, un viaje o una simple comida. La obsesión por compartir, subir la foto o el video a alguna de las redes sociales con el comentario y los hashtag adecuados es una distracción tan fuerte y demanda tanta atención que al terminar de publicar muchas veces no se acuerdan qué es exactamente lo que están experimentando en ese momento. Aunque esa publicación sirve como evidencia de lo anterior, generalmente a las pocas semanas se queda perdida en el memoria del teléfono o en la línea de tiempo de la aplicación en donde fue publicada. Pero la velocidad en la que estamos generando estas enormes bibliotecas de imágenes tiene un precio. Y aunque muchas veces no estamos conscientes de eso, con cada cambio de teléfono inteligente o computadora estamos pagando un costo para tener más capacidad de almacenamiento. Y lo pagamos por seguir teniendo esa falsa sensación que podemos tener todo el espacio que queramos sin pensar realmente en lo que esto implica: grandes centros de almacenamiento distribuidos alrededor del mundo, generalmente bajo tierra y llenos de servidores que requieren de una gran cantidad de energía para mantenerse funcionando las 24 horas del día. Esta revolución audiovisual que estamos viviendo parece que no va a parar pronto y además la infraestructura que se requiere para mantenerla funcionando es muy costosa. Gobiernos de muchos países están invirtiendo grandes cantidades de dinero, aprovechando la data colectiva, la tecnología actual para mejorar sus servicios 
y la forma de operarlos, pero todo tiene un límite. Parece que todos confiamos que las empresas y jugadores que se encargan de esto, siempre lo tengan solucionado para nosotros. Tal vez nunca llegue el momento en el que pueda colapsar el sistema o que no podamos guardar una fotografía más, pero por lo pronto es importante respaldar nuestra información, sacarla de nuestros teléfonos y computadoras para tener un respaldo de todo nuestro archivo audiovisual. Me da miedo pensar que si hoy falla mi servicio de nube o pierdo mi teléfono y mi computadora, me quede sin las miles de fotografías y videos que tengo de los primeros años de mis hijas, de las cuales no tengo más de una docena de ellas impresas…

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