Primero fue
Manlio Fabio Beltrones, quien reclamando por derecho de partido el que el PRI reasumiera la presidencia del Senado, tomó posesión como tal esta semana. Como esta era una jugada que se venía venir, algunos de los partidos satélites en la Cámara de Diputados se quisieron pasar de audaces y reclamar la presidencia del Congreso para el periodo que comenzó el 1 de septiembre para ellos. Pero la verdad, el peso lo dan los votos y los diputados, y aunque el Partido Verde, que más lo quería, se apuntó con enorme vehemencia, la verdad es que este apéndice del tricolor simplemente no tiene suficiente músculo. La presidencia del Congreso la reclamó el PRI, al que le tocaba por estatuto, y recayó en
José Carlos Ramírez Marín, que es muy cercano a la dirigente del partido
Beatriz Paredes. Entre los daños colaterales del rejuego fue el gobernador
Enrique Peña Nieto, que no pudo colocar a un incondicional en esos cargos.