Hace unos días,
Guillermo Ortiz tuvo que renunciar al cargo de la presidencia del Banco para Pagos Internacionales, el banco de bancos en Basilea, Suiza, porque ese cargo está atado a ser gobernador del Banco de México. Pero, aunque deseaba ese puesto,
Ortiz no parece nada acongojado. Se deja ver en restaurantes vestido informal, pero muy elegante, con la piel tostada por el sol y la camisa abierta al pecho. No se va a Suiza, pero se están acomodando las cosas para que vaya a Santa Fe, donde se encuentra el edificio inteligente del corporativo Banorte en los suburbios de la ciudad de México, el cual muy probablemente termine dirigiendo.