Ahora sí, el presidente
Felipe Calderón tuvo que trabajar desde el domingo. El asesinato de tres personas conectadas con el Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez provocó un manotazo del presidente
Barack Obama, una reacción inmediata del Departamento de Estado, una autorización para que los familiares de todos los familiares del personal diplomático en las representaciones en la frontera con México sean evacuados, el envío de agentes del FBI a Juárez -aunque no los quieran los mexicanos-, y una delegación diplomática de Washington a México para pedir explicaciones, lo metió en pánico. La canciller
Patricia Espinosa dará explicaciones a los emisarios de Washington y el procurador general
Arturo Chávez fue desplazado a aquella ciudad. Tres muertos vinculados a Estados Unidos deben valor mucho para
Calderón, que no había tenido este tipo de reacción pronta con nada desde que comenzó su guerra contra el narcotráfico. El mensaje que le mandó a
Obama es diferente al que le dice a los mexicanos. Aquí dice que si las cosas están mal, peor se van a poner. Con
Obama su relación, si se puso mal, peor se va a poner.