Derrota de Calderón y el PAN; el PRI arrasa en las elecciones
Lunes 06 de Julio 1:50 am image Comentarios

La nación se realineó con el PRI, al que le entregó cinco gubernaturas, victorias en bastiones del PAN y el PRD, y lo llevó a ser la primera fuerza en el Congreso, duplicando el número de diputados que tiene en la actualidad

El PRI arrasó con el PAN en las elecciones intermedias, lo humilló en la contienda por las diputaciones, y le arrebataron Querétaro y San Luis Potosí, que eran plazas que los estrategas panistas consideraban a buen resguardo, en un referéndum popular donde los electores rechazaron el rumbo nacional impuesto al país por el presidente Felipe Calderón y el PAN.

El país se realineó con el PRI más allá de las expectativas, otorgándole la victoria más contundente desde las elecciones presidenciales de 1994, después de una campaña donde el PAN fincó su estrategia en la guerra contra el narcotráfico y en llevar al electorado al dilema de que todo aquél que se oponía al presidente Calderón en este esfuerzo, estaba a favor del crimen organizado.

Los electores dejaron de creer en esa proposición como factor de voto y fueron abandonando gradualmente el respaldo a candidatos panistas, incrementando su molestia por la situación económica, pese a que las encuestas mostraban siempre la percepción de que se aceptaba que la crisis no había sido generada por el gobierno, sino venía del exterior.

Empujados por los electores, el PRI arrebató bastiones tanto al PAN como al PRD que habían estado bajo el control de esos partidos durante más de dos décadas. La victoria del PRI, no obstante, fue más espectacular de lo que se había previsto, ante el colapso panista.

De acuerdo con los resultados preliminares del IFE, con más del 90% de las casillas contabilizadas, el PRI alcanzaba el 36.61% del voto total, por 27.90% del PAN, 12.24% del PRD y 6.54% del Partido Verde.

Esto significa, según la estimación de Consulta Mitofsky, que el PRI podría alcanzar entre 238 y 244 diputados, el PAN entre 141 y 149, el PRD entre 68 y 76, y el Partido Verde entre 16 y 20.

Tres partidos estuvieron a punto de perder su registro, pero la operación política de sus maquinarias impidió que Convergencia y Nueva Alianza dejaran de existir como partido. No fue así el Partido Socialdemocrático, que la tendencia apunta que perderá el registro en su primera elección.

Nueva Alianza alcanzaba el 3.42% del voto, que significaría entre 6 y 8 votos, que sin embargo es menos de la mitad de lo que sus estrategas habían previsto. Convergencia tenía con el mismo porcentaje contabilizado 2.38% del voto, en buena parte por el impulso que le dio Andrés Manuel López Obrador, con lo cual podría alcanzar entre 4 y 6 diputados.

La jornada tuvo una participación de 43.97%, que fue más copiosa de lo que habían anticipado las autoridades electorales, y el voto nulo alcanzó el 5.41%, que superó por 3 puntos el máximo histórico alcanzado en las elecciones intermedias de 2003. La entidad donde se registró una mayor afluencia del voto nulo fue el Distrito Federal, donde se dio un incremento de 400%.

Los resultados le permitirán al PRI prácticamente duplicará el número de diputados que tiene en la actualidad, y saltará de la tercera a la primera fuerza política nacional.

En cambio el PAN, que era la primera fuerza política, perderá, de confirmarse las tendencias, alrededor de 60 diputados. El PRD también registrará un desplome y  pasará a ser una lejana tercera fuerza y sus resultados son una derrota clara para el líder nacional, Jesús Ortega.

El PRD había alcanzado niveles históricos en las elecciones presidenciales de 2006, pero en las intermedias se estimó que regresara a su promedio nacional, de 18%. La caída de seis puntos, en un primer análisis, puede ser atribuida al conflicto hacia el interior del partido con su ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, quien llamó a votar no por el PRD, sino por el PT y Convergencia, de los que espera fundar un nuevo partido político para 2012.

El PRI, que tiene una estrecha alianza política con el Partido Verde, podrá alcanzar la mayoría absoluta si se reconfirma ese pacto entre los dos partidos.

La jornada fue aciaga para el PAN. Paradójicamente, no se trató de una pérdida significativa de votos, pues los resultados totales daban volúmenes similares de votos a los históricos del PRI y el PAN en elecciones intermedias, sino por el tipo de derrotas propinadas a los candidatos panistas.

La sorpresa de la jornada, porque no había discusión alguna sobre una contienda cerrada, se dio en la competencia por la gubernatura en Querétaro, donde el candidato del PRI José Calzada derrotó al panista Manuel González.

Querétaro no estaba en el radar de las preocupaciones electorales del PAN, pese a que más de un año de conflictos personales del gobernador Francisco Garrido Patrón  con su esposa, con lo cual los queretanos sintieron muchas veces que los abandonaba, pudieron haber sido una causa importante en la derrota panista.

Menos sorpresiva fue la derrota de Alejandro Zapata Perogordo en San Luis Potosí ante Fernando Toranzo, cuya contienda se cerró apenas en la última semana, con lo cual pareció confirmarse el efecto que provocó una candidatura panista mal negociada desde un principio.

Zapata Perogordo alcanzó la candidatura después de que el líder nacional del PAN, Germán Martínez, persuadió al gobernador Marcelo de los Santos que el hombre que respaldaría el centro era el senador. Aunque no le gustó a De los Santos, acató la instrucción, pero prohijó la candidatura de Toranzo, que había sido su secretario de Salud, como candidato del PRI.

De los Santos, abiertamente enemistado con Zapata Perogordo, no actuó en su contra, pero tampoco hizo nada por respaldarlo.

“Mantenemos Querétaro y San Luis Potosí”, dijo Martínez el domingo por la noche, con un rosto sombrío. “Y después de décadas, el PAN conquistó Sonora”.

Los resultados preliminares no le daban la razón en Querétaro y San Luis Potosí, mientras que en Sonora el candidato priista Alfonso Elías Serrano, mantenía una ventaja de casi 20 mil votos sobre el candidato del PAN, Guillermo Padrés, con una tercera parte de las casilla contabilizadas.

El PAN, que quiso arrebatarle la gubernatura de Nuevo León, la perdió por un amplio margen. No esperaba el PAN ganar las gubernaturas de Campeche y Colima, cuyas derrotas en esas plazas confirmó su escepticismo.

Los resultados oficiales, que será mediante el cómputo de votos, se darán a conocer el miércoles. El gobierno federal y el PAN, no obstante, intentaron rápidamente de construir un principio de negociación con sus adversarios.

En un mensaje a la nación el domingo por la noche, el presidente Felipe Calderón hizo un llamado a la concordia política, como un intento por establecer dos tiempos políticos, el electoral, que terminó con las elecciones, y el de la negociación política en el Congreso, en particular para su paquete económico para el próximo año.

“La contienda estuvo marcada por el contraste de proyectos políticos”, dijo. “La contienda ha terminado, la competencia debe quedar atrás y ahora hay que buscar las coincidencias para encontrar los acuerdos que necesita el país para enfrentar los retos económicos”.

En un mensaje aparte, el líder del PAN, felicitó al PRI por los avances logrados. Martínez había polarizado la contienda electoral, con una campaña agresiva de ataque directo a ex presidentes priistas y de vincular a miembros de ese partido con la corrupción y el crimen organizado.

La recapitulación política fue de emergencia. No es tanto que el PRI los arrasara, sino que el PAN tuvo una debacle.

Aunque Querétaro y San Luis Potosí hablan mucho de lo que sucedió con el PAN en el país, no fueron los únicos reveses importantes.

Enclaves panistas en el estado de México, donde se concentra poco más del 22% del voto nacional –es la entidad con mayor peso político en el país- cayeron ante el PRI.

En la zona poniente de la ciudad de México, el llamado “corredor azul” por la hegemonía que había mantenido el PAN durante largos años, fue roto por el PRI, que ganó alcaldías en Naucalpan, uno de los municipios más ricos del país que controló por más de cuatro elecciones consecutivas una familia panista de abolengo, además de arrebatarle la capital Toluca y el afluente suburbio de Metepec.

El PRI estaba propinando fuertes descalabros al PAN en Jalisco, que fue el granero de votos panista durante las dos últimas elecciones presidenciales y en Morelos, que es gobernado por Marco Antonio Adame, a quien se considera el jefe de la facción de extrema derecha dentro del PAN. Las dos capitales, Guadalajara y Cuernavaca, pasaron a control priista.

Todas las plazas panistas, salvo en Guanajuato, sufrieron pérdidas electorales, pese a que en varias de ellas no le alcanzó al PRI para avanzar.

La maquinaria priista tuvo avances en otros bastiones. En el estado de México golpeó también los territorios dominados por el PRD, particularmente en Ecatepec, el municipio connurbado a la capital que es el más grande en el país, que le iba ganando a los perredistas por más de 5 puntos, y en otros dos municipios en las zonas marginadas del oriente de la ciudad de México.

Las victorias del PRI pueden ser adjudicadas principalmente a los gobernadores, cuya coordinación electoral estuvo a cargo de la gobernadora de Yucatán, Yvonne Ortega, que utilizó como arma electoral al gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, quien en las dos últimas semanas hizo campaña por candidatos priistas en Campeche, Nuevo León, Querétaro y San Luis Potosí, donde ganaron las gubernaturas.

Colima, que fue abandonado por la líder nacional del PRI, Beatriz Paredes, la victoria puede adjudicársele a los problemas internos que tuvieron los candidatos del PAN, principalmente.

El PRI ganó posiciones en la mayoría de los estados, y convirtió a varios de los gobernadores en factores reales de poder. Peña Nieto es el más emblemático, y se espera que 40 diputados de su estado sean parte de la bancada del PRI, representando alrededor del 20% del total. Otros estados donde barrió el PRI, como Veracruz y Oaxaca, también aportarán fuertes contingentes al Congreso.

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